Actitudes que sanan

Por Herberth Parada

Cada día estamos lidiando con un sin fin de situaciones estresantes en nuestra vida, desde que nos despertamos en la mañana, hasta que el día termina.

En el mundo convulsionado en que vivimos es fácil enfrentarse a muchos problemas y situaciones que logran sacarnos de la tranquilidad o que cambian nuestro estado de ánimo, pudiendo provocar: enojo, ira, ansiedad, frustración y molestia. Se vuelve cada vez más difícil el ser positivos en una sociedad tan aproblemada.

¿Cómo nos estamos enfrentando a todas estas situaciones en nuestro día a día? ¿Nos alteramos y enojamos fácilmente? ¿Somos de los que nos afectamos fácilmente ante las adversidades de la vida, o nos tomamos las cosas con calma y buscamos resolver los problemas de una forma positiva?

Al contestar estas preguntas podemos ver un patrón de comportamiento en nosotros, uno positivo o uno negativo.

La mayoría de nosotros hemos compartido tiempo con personas que podríamos decir que son positivas e irradian esa energía. Por el otro lado también hemos compartido con personas negativas que también irradian esa energía a los demás. ¿Con cuál de estas personas preferiríamos estar?

Al estar expuestos tan frecuentemente a situaciones que alteran nuestras emociones, es muy importante hacernos la siguiente pregunta: ¿Pueden las emociones y actitudes influir en nuestra salud?

Es importante para nuestra salud cómo estamos percibiendo los sucesos a nuestro alrededor y cómo reaccionamos ante ellos. La forma de reaccionar provoca cambios en nuestro organismo que pueden afectar nuestra salud. El cuerpo humano reacciona y se ve influenciado positiva o negativamente por el medio que lo rodea. Estas reacciones que se presentan ante estímulos del exterior, provocan una serie de fenómenos químicos en nuestro organismo que pueden provocar eventualmente problemas o beneficios en nuestra salud.

Un nuevo estudio realizado en Estados Unidos demuestra que la tristeza, el enojo o el miedo pueden afectar nuestra salud. El estudio concluyó que “uno puede enfermarse de angustia”.

Investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison vincularon los pensamientos negativos con un debilitamiento del sistema inmunológico.  Estos científicos estudiaron a 52 personas de entre 57 y 60 años de edad, como parte de su experimento. A través de una serie de preguntas lograron determinar si los voluntarios presentaban un nivel más alto de actividad mental en la zona del cerebro asociada con los pensamientos negativos, o si el área más activa era la relacionada con los pensamientos positivos.

Una vez determinado esto, los investigadores administraron a todos una vacuna contra la gripe buscando poner en acción el sistema inmunológico en los pacientes.

“Aquellos que habían demostrado mayor actividad en la zona negativa del cerebro tuvieron las peores reacciones inmunológicas, mientras que los que registraron mayor actividad en la zona positiva tuvieron el efecto contrario”, señalaron.

De esta manera, los científicos pudieron concluir que aquellos que tienden a ser pesimistas están más expuestos a enfermarse. “Las emociones juegan un papel importante en el funcionamiento de los sistemas del cuerpo que influyen en nuestra salud”, destacó el investigador Richard Davidson.

En otro estudio llevado a cabo en un Hospital de Dinamarca, se analizó información de 600 pacientes con cardiopatía isquémica. Los pacientes respondieron a preguntas para evaluar su estado de ánimo. El resultado del estudio tuvo una diferencia estadísticamente significativa donde el mayor porcentaje de pacientes que murieron durante la investigación, eran los que tenían una actitud más negativa.

Concluyeron también que, además del ejercicio, existen múltiples razones por las cuales la actitud positiva puede ser buena para la salud. Por una parte, puede reducir el nivel de hormonas de estrés y marcadores inflamatorios. Dijeron también que la gente positiva tiende a adoptar comportamientos más saludables, así como a comer mejor, dormir mejor y cuidarse.

Lo que los investigadores están descubriendo no es algo nuevo, Dios ya había dejado plasmado en la Biblia acerca de la veracidad de este hecho en Proverbios 17:22, que dice: “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos.”

En necesario entender que las actitudes pueden ser modificadas, si cambiamos algunos factores que influyen en éstas. Podemos realizar cambios personales que mejoren nuestras actitudes.

Además de nuestra salud física, otro motivo importante para querer cambiar nuestra actitud negativa es que la actitud positiva es también muy importante en nuestra salud espiritual. De hecho, Dios busca que desarrollemos un carácter con el enfoque correcto y con el positivismo basado en la fe en sus promesas. La fe en las promesas de Dios nos ayuda a cambiar nuestra actitud de negativa a positiva.

Quiero darles algunos puntos que nos pueden ayudar a tener una actitud más positiva:

1. Tener claridad del problema, si podemos cambiarlo o no.

A veces no es fácil resolver algunos problemas y puede que requieran de mayor tiempo o esfuerzo para resolverlos. Si no podemos cambiar el problema, debemos cambiar nosotros en nuestro enfoque de la situación.

Por ejemplo: si el problema es que nos encontramos con muy alto tráfico en las mañanas y eso nos hace comenzar el día con mal humor, entonces debemos levantarnos más temprano para evitar el tráfico y comenzar bien el día.

Debemos analizar si está en nuestras manos la solución del problema o si necesitamos ayuda. Si no está en nuestras manos resolverlo, no nos servirá de nada que sigamos intentando resolverlo por nuestra propia cuenta y preocupándonos demasiado.

Para poder solucionar problemas es importante pensar positivamente. Debemos recordar que la mayoría de los problemas tiene una solución. Pero no debemos preocuparnos demasiado, como se menciona en Mateo 6:34, “No os preocupéis por el mañana porque el día de mañana traerá su propio afán”.

2. Eliminar de nuestro vocabulario las palabras negativas.

El vocabulario que generalmente usamos puede estar enviando un mensaje de negativismo a nuestra mente y nos predisponemos a ver las cosas desde esa perspectiva. Es muy importante que eliminemos todas aquellas palabras que no nos ayudan a ser positivos.

Debemos tratar de eliminar frases como: no puedo, está mal, nunca, es imposible, fracaso, pérdida, error, etcétera. Por el contrario, busquemos usar palabras que nos ayuden a tener un enfoque más positivo, tales como: sí puedo, muy bien, es posible, éxito, adelante, podemos ganar, etcétera.

Aprender a usar un lenguaje positivo en nuestro vocabulario no es algo fácil de implementar. Pero a medida que lo hagamos nos daremos cuenta de que eso influirá en nuestra forma de ver la vida. Y siendo positivos seremos más sanos.

La perspectiva o forma en que apreciamos algo es muy importante, y puede ser muy diferente en cada persona. La idea es aprender a ver el vaso medio lleno y no medio vacío.

Siempre será más fácil ver las cosas negativas en las personas y pensar en lo peor. Esto suele ser la tendencia natural. Pero debemos hacer el esfuerzo por buscar las cosas positivas en las situaciones o en las personas.

3. Confiar realmente en el poder de Dios y en sus promesas.

El último punto, pero el más importante es que debemos tener una buena relación con Dios y tener plena confianza en sus promesas. Esto es lo que nos permitirá tener la perspectiva correcta, incluso en los momentos de dificultad, como se menciona en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien”.

Tener la certeza de que Dios es todopoderoso nos dará la tranquilidad y la paz mental para atravesar cualquier problema. Dios promete bendiciones físicas y espirituales a todos sus hijos. Debemos recordar los grandes milagros realizados por Él en el pasado y el ejemplo positivo de los personajes bíblicos que murieron en la fe y que tuvieron la perspectiva correcta de la vida.

Buscar tener una actitud más positiva nos traerá muchos beneficios en nuestra salud física y espiritual. Debemos recordar que uno de los frutos del Espíritu Santo es el gozo, no la tristeza. Para tener gozo debemos cambiar nuestra actitud negativa y tratar de ver las situaciones desde una perspectiva correcta. Grabemos en nuestra mente la siguiente escritura en 1 Tesalonicenses 5:16, “estad siempre gozosos”. CA

Comparta este artículo!
Posted in 2019, Salud