Cuatro aspectos del liderazgo en la Iglesia

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¿Cómo puede un miembro de la Iglesia mejorar sus aptitudes de liderazgo?

Por Joshua Travers

En los cuatro seminarios (transmitidos desde varias partes de los Estados Unidos) aprendimos acerca de cuatro aspectos del liderazgo que cualquier miembro de la Iglesia puede aplicar, sin importar su edad.En febrero tuve la bendición de asistir al “Fin de semana de liderazgo para jóvenes adultos” realizado en Columbus, Ohio. Los seminarios, actividades y convivencia nos enseñaron mucho acerca del liderazgo en la Iglesia y el estudio de la Palabra de Dios.

Conocer nuestro contexto

La historia sí importa.

El primer seminario, “Historia moderna de la Iglesia: ¿dónde nos encontramos?”, fue dado por Jim Franks.

Aunque puede parecer un tema extraño para comenzar un fin de semana de liderazgo, ese día aprendimos que conocer nuestra historia es fundamental. Todos tenemos un pasado que inevitablemente afecta la manera en que percibimos el presente y el futuro.

También impacta a la Iglesia en la medida en que aplicamos —o dejamos de aplicar— las lecciones que aprendimos de la historia de la Iglesia, tales como la necesidad de predicar el evangelio con recursos mediáticos más modernos o el peligro de fijarles fecha a las profecías.

Las lecciones pueden ser muchísimas. De hecho, el pueblo del Éxodo (y en realidad toda la Biblia) nos ofrece un ejemplo del que podemos aprender hasta el fin de los tiempos (1 Corintios 10:11). Desde que la Biblia fue escrita, hemos estado rodeados de una gran nube de testigos tanto del mundo antiguo como del moderno (Hebreos 12:1).

La historia se vuelve aún más importante cuando entendemos que sin lugar a dudas, estamos viviendo en los tiempos del fin, y que hoy más que nunca necesitamos aprender de nuestro pasado. Necesitamos entender a cabalidad dónde nos encontramos en la actualidad y saber qué viene después.

Servir en la congregación

En su seminario “Cuando un líder lidera: sirviendo en su congregación”, Clyde Kilough dijo a medida que leía Jueces 5:1-2: “cuando es un verdadero líder quien lidera, la gente lo seguirá”. Servir en nuestra congregación local (que es nuestro principal campo de acción en la Iglesia) es uno de los aspectos importantes del liderazgo.

Dios hizo que su Iglesia estuviera compuesta por varias congregaciones por una razón, y no se trata sólo de logística. Reunirnos en pequeñas congregaciones nos fortalece, nos ayuda a crecer y nos da un sentimiento de familia que tal vez sería difícil de lograr si toda la Iglesia se reuniera en un solo lugar.

Hay una gran variedad de congregaciones —desde las más grandes hasta las más pequeñas— y debemos hacer lo mejor que podamos para servir en donde estemos. En lugar de buscar faltas en nuestras congregaciones, debemos buscar oportunidades para servir. Para que una congregación sea saludable desde el punto de vista espiritual, los miembros deben estar enfocados en los demás, en lugar de en sí mismos. Esta actitud de servicio no se basa en nombramientos o en tener cierta edad, sino en llenar una necesidad de la congregación.

Probablemente el trabajo no será fácil. Servir requiere de flexibilidad, perseverancia, sabiduría y discernimiento, y como muestra tenemos el ejemplo de servicio incansable de Jesucristo. Tal vez sea una ardua labor, pero la sabiduría obtenida al ir más allá de nuestros límites y experimentar el gozo de hacer felices a otros, sin duda harán que todo valga la pena.

Buscar la unidad

En su seminario “La importancia de la unidad: trabajando en armonía”, Jim Franks nos enseñó un sabio proverbio africano que dice así: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, ve con alguien más”. Luego nos contó la historia de cuatro jóvenes africanos que lograron hacer lo imposible gracias a que permanecieron juntos.

Por difícil que sea encontrarla, la unidad es fundamental para el éxito.

Aunque la Iglesia ha tenido muchos momentos de unidad (Hechos 4:32-33), también ha pasado por momentos de disensión (1 Corintios 1:10-13). La falta de unidad generalmente es producto de actitudes egoístas (2 Timoteo 3:1-4) y de orgullo (Santiago 4:7-10). Es por eso que todos debemos evitar las trampas del orgullo y el egoísmo, especialmente si tenemos un puesto de liderazgo en la Iglesia -sea oficial o no.

Comprometernos con el camino de Dios

Los reyes de Israel y Judá son un claro ejemplo de lo que sucede cuando un líder no está comprometido con Dios. Como Doug Horchak explicó en su seminario “Un fiel compromiso con Dios”, un líder debe estar comprometido a seguir el camino de Dios.

También nos dijo que debemos aferrarnos a la ley de Dios como a una cuerda de la que depende nuestra vida. Para mantenernos firmes en el camino de Dios mientras lideramos en medio de un mundo malvado, necesitamos asirnos de Él con todas nuestras fuerzas (Hebreos 3:6; 1 Corintios 15:2).

Nunca se hará demasiado énfasis en la importancia del liderazgo, especialmente en la Iglesia de Dios. Puede haber muchos otros aspectos del liderazgo, pero, como líderes en la Iglesia, debemos hacer todo lo posible por seguir estos cuatro. CA

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Posted in 2015, Blog del Escritor