Esperando en Dios

Por Penny Goodchild

¿Ha pensado alguna vez en la dama tan especial que Noemí debió haber sido para que Rut la quisiera tanto?

Yo me imagino que Noemí debió haber sido muy parecida a mi suegra, siempre lista para ayudar de cualquier forma que pudiera hacerlo —alguien que realmente sabía cómo ser una amiga.

¿Cómo puedo expresar en el papel el amor que sentía por ella? Ella me dio un ejemplo maravilloso.

Por esto es que mi corazón se rompe al ver cómo cambia delante de mis ojos. La demencia senil es algo que nunca antes había tenido que enfrentar. Esta experiencia ha abierto mis ojos de muchas formas.

Recuerdo que pensaba en lo difícil que era cuando mis hijos estaban recién nacidos y tenía que levantarme varias veces en la noche para alimentarlos. Pero esto es fácil si lo comparamos con tener que sentar a un adulto en un inodoro portátil, y limpiarlo varias veces durante la noche. Nunca me sentí tan exhausta con mis recién nacidos.

Uno de mis amigos me dijo que si mi suegra estaba perdiendo su memoria era algo bueno porque sería demasiado vergonzoso para ella recordar todo lo que estaba pasando.

Varios años atrás le prometí a mi suegra que mientras yo me sintiera físicamente capaz de cuidarla, yo lo haría. Nunca comprendí lo que esto implicaría. Sin embargo, no me arrepiento de ello.

Ella todavía mantiene su sentido del humor y se interesa mucho por las personas. Ella tenía el don de recordar nombres, pero ahora no.

¿Qué he aprendido? En gran parte, que a mí me falta carácter. Especialmente paciencia.

Por casi cinco años no he podido salir de la casa para ir de compras, etcétera, a menos que alguien se pudiera quedar con mi suegra. Cuando usted tiene un bebé, se lo puede llevar a muchas partes; pero cuando usted está cuidando un adulto anciano, no es tan fácil. Algunas veces la persona está demasiado débil para salir con usted. Y aun en el caso de que sea suficientemente fuerte, tal vez necesite una silla de ruedas, que puede ser difícil de transportar.

Encontrar a alguien que cuide a su padre anciano puede también ser todo un desafío, especialmente si su padre requiere ayuda para ir al baño. No todos tienen la fuerza para levantar a una persona y limpiar a un adulto, no es una tarea que usted les puede pedir a muchas personas que hagan.

Hay momentos en que me siento prisionera en el hogar. Sin embargo, yo sé que esto no va a durar para siempre. Me siento culpable de querer salir de esta prueba, porque la única forma de salir de ella es con la muerte de uno de mis más queridos y cercanos amigos.

Es difícil ver a alguien morir lentamente. Mi suegra no tiene mucho dolor físico, pero el dolor emocional que siente por la confusión de su pérdida de memoria es muy intenso. Algunas veces ella está furiosa conmigo y no sabe por qué. Ella cree que no he estado con ella ni un minuto, cuando, de hecho, he estado con ella casi todo el día.

Mi suegra acostumbraba ser una mujer que se hacía cargo de todo. Ahora depende totalmente de mí. Ella no puede recordar ni cómo hacer un huevo frito. En épocas pasadas ella hacía unas cenas deliciosas y fue anfitriona en incontables ocasiones.

Anhelo con todo mi ser el día en que la vuelva a ver con toda gloria —saludable, vibrante, fuerte, sin ninguna prueba de salud. ¡Ella ha tenido que pasar por tanto! Entonces, ya no habrá más lágrimas.

Reflexiones en mi prueba

Esto fue algo que encontré en un cuaderno mío, casi un mes después del funeral de mi suegra. Lo escribí aproximadamente dos meses antes de su muerte. Me transporta a la agonía de la prueba que estábamos pasando en esa época.

Al mirar atrás, me acuerdo que en algunas ocasiones sentía que Dios no estaba escuchando mis oraciones. Quería que Él me respondiera antes de lo que Él me estaba respondiendo. Traté de descubrir qué era lo que supuestamente tenía que aprender. Sentía que si tan sólo pudiera aprender lo que Dios estaba tratando de enseñarme, mi suegra no tendría que sufrir más.

De alguna forma ahora no me parece tan mal cuando miro atrás esa prueba y de como me parecía cuando la estábamos pasando. Al mirar atrás, puedo ver la mano de Dios en tantas cosas. Él fue misericordioso con nosotros en muchas formas.

Estoy segura de que hay muchas lecciones en esta prueba, pero la lección más grande que aprendí fue la de esperar en Dios. Él tiene un propósito para todo y parte de creer es esperar.

Una semana antes de morir, por un momento mi suegra tuvo gran energía. Ella quería que mi esposo Mark y yo oráramos con ella. Ella empezó dándole gracias a Dios por todo lo que se le venía a la mente y luego se volvió a nosotros y dijo: “Le pedimos y le pedimos a Dios, pero no le damos las gracias suficientemente”.

Ésas eran las palabras de una mujer que estaba totalmente postrada en cama por un cáncer de colon y que ya no podía comer nada. Aun con su demencia senil ella fue una luz para nosotros. Ella fue un ejemplo hasta el final.

Mi suegra peleó la buena batalla. Ella ganó su batalla. Su sufrimiento ya terminó.

Hemos estado esperando por el regreso de Cristo. Puedo sentir como si ese día nunca fuera a llegar. Pero algún día Cristo va a regresar realmente, y nuestra espera habrá terminado.

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Posted in 2016, Retratos de la fe