FAI – “Somos parte de la misma familia”

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Cuatro voluntarios nos cuentan de su reciente experiencia ayudando en el campamento de verano en Ghana y enseñando inglés en Zimbabue, Zambia y Malawi.

De Común Acuerdo: ¿Cuál fue tu primera impresión de los hermanos africanos?

Alex Lutz: Apenas entré al salón de reunión [en Bulawayo, Zimbabue], vi dos caras saludándome con una sonrisa de oreja a oreja. Joseph y Aleck inmediatamente se acercaron para conversar y hacerme saber lo felices que estaban de tener a Jacob [Dame] y a mí de visita y pasando el sábado con ellos. Mientras más hermanos llegaban, más sonrisas y expresiones de alegría recibía. No nos entendíamos del todo, pero la conversación fluía de acá para allá sin problemas. Y, a medida que el salón se llenaba antes de los servicios, comencé a escuchar un sonido familiar: el agradable bullicio de un cuarto lleno del pueblo de Dios en fraternal convivencia. Aunque estaba rodeado de personas cuyo entorno, cultura y país son tan diferentes a los míos, sentí de inmediato que yo pertenecía a este grupo.

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Ashley Holl y Jessica Schultz abrazan a algunos de los niños de Luzaka

Ashley Holl: Cuando conocí a los hermanos de Lusaka, Zambia, ese sábado, me sentí conmovida. La multitud de caras emocionadas rápidamente se acercó a donde Jessica [Schultz] y yo estábamos para estrechar nuestras manos y presentarse. A pesar de estar separados por la cultura y el idioma, hacer amigos fue sorprendentemente fácil. En Lusaka, las clases de inglés se dictaron  en una hermosa propiedad rodeada de árboles y campo abierto, y, por las noches, los hermanos se reunían alrededor de la fogata  y reían durante horas. No había duda de que el Espíritu Santo de Dios estaba ahí. Me sentí como en casa.

De Común Acuerdo: ¿Cuál fue el momento o evento más memorable de tu viaje?

Hannah Shipman: En mi último día de trabajo [en el campamento de jóvenes en Ghana], le pedí al equipo azul dividirse en cuatro grupos para jugar voleibol. La mayoría de los chicos se sentaba a conversar a un lado de la cancha mientras no jugaban, pero uno de ellos miraba el jugo atentamente. Cuando me di cuenta, lo llamé y le pregunté por su nombre y edad. Su nombre era Antón y tenía 13 -sus ojos cafés me miraron expectantes, no sabiendo el por qué de las preguntas. Pero se relajó cuando le pedí que se quedara junto a mí para ayudarme a llevar el marcador y anunciar el saque. Ver su felicidad y emoción al ocupar aunque sea un puesto pequeño de autoridad me alegró el día.

Alex Lutz enseña inglés a los hemanos en Bulawayo.

Alex Lutz enseña inglés a los hemanos en Bulawayo, Zimbabue.

Jessica Schultz: Una de las partes más conmovedoras para mí fue cuando los estudiantes debieron escribir acerca de algo de la Biblia que los inspirase. Los chicos escogieron varias escrituras y ejemplos de hombres y mujeres en la Biblia, explicando por qué se sentían identificados con ellos. Saber algunas de las cosas por las que han pasado, y ver cómo aun así mantienen su absoluta fe, confianza y gratitud a Dios fue sin duda muy inspirador.

Alex Lutz: El cuarto día tuvimos la oportunidad de subir una gran pared rocosa que miraba hacia el impresionante y hermoso paisaje zimbabuense, mientras el sol se ponía en el horizonte. En un momento, andábamos todos por ahí tomando fotos en el camino y luego yo me senté con un grupo de cinco estudiantes. Comenzamos a hablar de las clases de la semana y me dijeron lo mucho que apreciaban la oportunidad de aprender más inglés y mejorar sus habilidades comunicativas. Como agradecimiento, me preguntaron si podían cantarme una canción en su lengua nativa. Cuando empezaron a cantar, los otros estudiantes se les unieron y de pronto me vi rodeado por 15 de las voces más armoniosas y hermosas que jamás haya oído, todo mientras el rojo sol africano teñía el cielo de tonos naranja, rojo, violeta y azul. Escuchar ese sonido vibrante, de las voces de esos hermanos y en ese lugar, fue el momento más memorable de mi viaje, y probablemente de mi vida.

De Común Acuerdo: ¿Cómo crees que este viaje te cambió personalmente?

Hannah Shipman: En muchos sentidos, fue un viaje revelador. Me dio una nueva visión de cómo deberíamos tratar a los hermanos, porque en Ghana la Iglesia realmente es una familia. También me enseñó a ser agradecida por las pequeñas cosas, como poder cepillarme los dientes con agua de la llave y otros bienes que doy por sentado, como la electricidad y el agua caliente. Ahora entiendo que no son necesidades básicas, sino bendiciones.

Alex Lutz: Regresamos de África un lunes y yo tenía que volver al trabajo el martes. Como es de esperarse, fue un día muy ocupado y pronto me vi ajetreado y estresado con todo lo que tenía que hacer. Había vuelto de lleno al estrés que “mi mundo” me tiene preparado todos los días. Pero mientras volvía a casa, me puse a pensar en la gente que había conocido, las experiencias que había vivido, y las cosas que había visto y escuchado en mi viaje a Zimbabue. Todos tenemos cosas de qué preocuparnos, pero recordé cuán importante es mantenernos enfocados en lo que realmente importa. Las cosas que vi y las historias que escuché en Bulawayo me hicieron sentir que aquellos hermanos tenían muchas más razones para estresarse que yo en mi típico día de trabajo en Estados Unidos. Pero, a pesar de lo que yo consideraría “cosas más importantes de qué preocuparse”, los hermanos de Zimbabue siempre demostraron estar completamente enfocados en aprender más de la verdad de Dios y obedecer su ley. En lugar de estresarse, lo que hacían era fortalecer su visión del venidero Reino de Dios.

Jessica Schultz: Aunque podría hablar de muchos momentos y reflexiones memorables, una de las mayores lecciones que siempre aprendo en mis viajes es que en la Iglesia tenemos familia dondequiera que vayamos. No importa de dónde seas, qué idioma hables, a qué te dediques, cuánto ganes, cómo sea tu casa o qué nivel de educación hayas tenido la bendición de recibir: todos somos parte de la misma familia.

De Común Acuerdo: ¿Cuál fue la mayor lección que aprendiste?

Ashley Holl: Malawi me enseñó una lección muy sencilla, pero muy importante: tener cosas no es lo que te hace feliz. A veces es muy fácil dejarnos absorber por nuestras posesiones físicas, pero en la Iglesia de Dios siempre debemos mantener el enfoque correcto: el Reino de Dios. Es como lo que Cristo enseñó en Mateo 19:21, cuando le dijo al hombre que guardaba sus mandamientos que para entrar al Reino de Dios debía vender todas sus posesiones. Malawi me recordó que las cosas físicas no son lo importante; el amor y el Espíritu Santo de Dios (absolutamente presentes en la congregación de Malawi) demostraron ser la verdadera riqueza escondida en medio de un país tan pobre.

Hannah Shipman enseña voleyball en el campamento de verano en Ghana.

Hannah Shipman enseña voleyball en el campamento de verano en Ghana.

Hannah Shipman: Aprendí a pedirle ayuda a Dios cuando la necesito. Comencé a extrañar a mi familia desde el primer día del campamento, pues somos muy unidos, y no poder contactarme con ellos me costó más de lo que pensé. Pero, luego de mucho orar, Dios me recordó que no importa dónde esté, siempre lo tendré a Él para ayudarme a seguir adelante.

De Común Acuerdo: ¿Recomendarías a otros ser voluntarios para un proyecto FAI en África? ¿Por qué?

Hannah Shipman: Honestamente, cuando llegué al campamento sentí que no sabía en lo que me había metido. Pero luego aprendí a dejarme llevar. Aprendí que en Ghana los compromisos comienzan siempre entre media y una hora después de lo acordado, y la pobreza ahí puede ser sobrecogedora, así que tenía que esforzarme por enfocarme en la gente a mi alrededor. Fueron ellos quienes hicieron que el viaje valiera la pena. Todos los campistas andaban siempre con una sonrisa y pasaban de actividad a actividad bailando y cantando. Definitivamente recomendaría a otros ir a servir a los hermanos en Ghana; todos los nervios, miedos y mariposas que sentí antes de irme valieron la pena cien por ciento. Cuando todo terminó, y tras 36 horas sin dormir, aún podía sonreír. Estoy muy agradecida por las lecciones aprendidas y todos los que me acompañaron en este viaje.

Alex Lutz: Sin duda pienso que TODOS deberían considerar ir a un proyecto FAI. Si quieres conocer otro país, cultura y gente, y al mismo tiempo descubrir muchísimo sobre ti mismo, África es el lugar. También tendrás la oportunidad de ver el impacto de la Iglesia a nivel global. Es muy inspirador ver de primera mano el trabajo que Dios está haciendo en cada rincón del mundo, por grande o pequeño que sea. Y ver la respuesta que la verdad de Dios está generando da mucha esperanza. Siempre he escuchado que para crecer de verdad debes afrontar situaciones nuevas. ¿Qué mejor lugar que África? ¿Y qué mejor razón para hacerlo que servir a los hermanos? CA

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Posted in 2015, FAI Fundación de Ayuda Internacional