¿Hallará fe en la Tierra?

Por Lauro Roybal

En alguna ocasión Cristo preguntó: “cuando venga el hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Tristemente, la respuesta a esta pregunta hoy en día tendría que ser un rotundo NO. Muchos cristianos se han dejado llevar por la vista y no son guiados por las cosas espirituales. Pero esto no es de extrañarse, pues los mismos apóstoles fueron reprendidos por Cristo por su falta de fe —y ellos tuvieron el gran privilegio de presenciar increíbles milagros realizados ante sus propios ojos.

¿Por qué es tan difícil estar plenamente convencidos y caminar con certeza, día a día, en el camino cristiano? Tal vez porque muchas de las promesas que Dios nos ha hecho aún son intangibles y debemos aguardar pacientemente su cumplimiento. Tal vez porque no hemos ejercitado la fe cuando nos han llegado pruebas difíciles en la vida. O tal vez porque Dios no ha respondido a nuestras oraciones cuando lo esperábamos o de la manera que hubiéramos querido.

Sea cual fuere la razón, Dios espera que desarrollemos fe y que vivamos la vida no conforme a la vista, sino conforme a la fe (2 Corintios 5:7). También la Palabra de Dios nos enseña que la fe es una de las partes del fruto del Espíritu Santo —el séptimo aspecto mencionado en Gálatas 5:22, después del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad y bondad. Pero, ¿qué es exactamente la fe?

La definición de fe está escrita en la epístola de Pablo a los hebreos, donde dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). En el versículo 6 añade algo muy importante: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

También leemos en Efesios 6:16 que debemos vestirnos con toda la armadura de Dios para poder hacerle frente a Satanás: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”. Las palabras “sobre todo” que usa el apóstol Pablo, nos revelan que la fe es el ingrediente más importante en la armadura de Dios.

A la fe se le atribuye la cualidad de ser escudo, y ese escudo nos protege de los feroces ataques de Satanás. Cada vez que actuamos con fe, un protector escudo espiritual se levanta frente a nosotros y evita que los dardos de Satanás nos lleguen y nos dañen. La fe es la pieza clave de la armadura espiritual que nos permite soportar y estar firmes esperando la venida de nuestro Señor Jesucristo. Aunque también se nos brindan otros ingredientes defensores, como la espada, no siempre es sencillo desenvainarla. Muchas veces sólo podemos mantenernos firmes y soportar los ataques del adversario asidos fuertemente del escudo de la fe.

Dando el paso de fe

Cuando inició la Iglesia de Dios, en el primer siglo, los apóstoles comenzaron a caminar en fe. Aprendieron cómo fortalecerla y, sobre todo, cómo usarla. Cuando eran amenazados por hacer la obra de Dios y predicar el evangelio que Cristo les encomendó, ellos oraban y confiaban plenamente, la mayoría de las veces. En Hechos 4:29 podemos leer una de esas oraciones: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra”. Todos tenemos temores. Con demasiada frecuencia permitimos que esos temores gobiernen nuestra vida y nos impidan tomar una postura valerosa ante lo que sabemos que Dios desea que defendamos. Como Daniel, cuando se enfrentó a los leones en el foso, nosotros también nos enfrentamos a personas y situaciones que amenazan con destruir nuestra fe y confianza en Dios. Son como dardos encendidos que desean penetrar en lo más profundo de nuestras mentes y corazones. Sin embargo, si contamos con el escudo de la fe y lo usamos, nada podrá hacernos daño. El león rugiente que anda rondándonos queriendo devorarnos, no podrá hacerlo, pues estaremos protegidos con el escudo espiritual.

Entrar a una batalla sin escudo sería insensato, pero la elección es nuestra. Todos los días necesitamos vestirnos y todos los días podemos elegir si tomamos el escudo con nosotros o lo dejamos en casa.

¿Sucumbiremos a nuestros temores o actuaremos con fe? Si deseamos superar el temor —ese temor que nos arrastra y destruye— necesitamos comprender los beneficios de vivir fervorosamente. Lo más importante es entender que obedecer a Dios, sobre todas las cosas, nos ayudará a triunfar también sobre todas las cosas —inclusive sobre los más oscuros temores a los que nos enfrentamos cuando caminamos en el valle de las sombras de la muerte, al final de nuestra vida.

Cada vez que sucumbimos a nuestros temores estos crecen como terribles monstruos. Además, el temor y la duda en nosotros crecen cada vez que nos negamos a hacer lo que sabemos que Dios quiere que hagamos. Entonces, ¿qué podemos hacer? Podemos y debemos acrecentar nuestra fe tal y como lo hicieron los apóstoles y los cristianos del primer siglo.

La respuesta al temor no es sólo orar y no ceder, sino avanzar audazmente a pesar de él. Cuando nos enfrentemos a los enemigos de la fe, como la duda y el temor, recordemos que las respuestas de Dios a nuestras oraciones no son siempre las deseadas. A veces nos resulta difícil entender que se requiere que confiemos en Él plenamente para salir adelante. Dios es fiel y Él nos librará de nuestros temores, siempre y cuando actuemos en fe confiando en Él.

Nunca, nunca, nunca olvidemos esto: Dios no partirá las aguas hasta que demos el primer paso en fe.

Cuando ante un temor avancemos confiados en la protección de Dios, Él nos responderá e incrementará nuestra fe. Dios desvanece nuestros temores y nos ayuda a ver el camino en forma clara y verdadera. Avancemos con fe y veamos cómo el temor se desmorona mientras Dios guía nuestros pasos. Esforcémonos por crecer en fe, pidiéndoselo diariamente a Dios, para que cuando nuestro Salvador regrese a la Tierra y pregunte si hallará fe, podamos responderle: “Sí Señor, aquí estoy aún confiando y viviendo conforme a tu Palabra”. CA

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Posted in 2019, Blog del Escritor