Villa Carlos Paz – Argentina


Todos los años nuestro Dios Todopoderoso nos invita a una pequeña probadita de lo que será su Reino milenial, a partir de su esperado regreso en gloria y majestad. Cada año nos llenamos de esperanzas y expectativas para celebrar la Fiesta de Tabernáculos y el Último Gran Día, donde sea que Él haya puesto su nombre.

Este año, en Argentina, el sitio de Fiesta fue distinto al acostumbrado por más de una década, en Mendoza. Dios puso su nombre en la ciudad de Villa Carlos Paz, en la Provincia de Córdoba, lugar muy céntrico en el país. Esta ubicación facilitó enormemente los desplazamientos de los hermanos distribuidos en diferentes y distantes sectores de la República Argentina, pues la mayoría viven en las zonas centro y norte. La provincia de Córdoba es el lugar de residencia de varios miembros argentinos que participaron activamente en la planificación y ejecución de muchos de los preparativos logísticos y fueron un apoyo muy importante durante la Fiesta. Esto permitió que nuestros hermanos argentinos se sintieran aún más anfitriones.

La mayor parte de los asistentes, con excepción de sólo unas pocas familias, se hospedó en el Hotel Mónaco, el mismo lugar donde se desarrollaron todas las actividades. Allí se sumaron a la cita hermanos bolivianos, brasileños, chilenos, ecuatorianos, peruanos, salvadoreños, uruguayos y un inglés, residente en los Estados Unidos.

Entre las instalaciones del hotel, se cuenta con un amplio salón de reuniones, donde se desarrollaban los servicios diarios, además de actividades como el Show de bienvenida, el Baile familiar y la Tarde de talentos. Por otro lado, cuenta con un restaurante contiguo al recinto, donde eran servidas las comidas y otras instalaciones que permitieron el desarrollo de las demás actividades de la Fiesta. Gracias a las características del hotel, las alrededor de 250 personas, considerando bebés, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, podían literalmente convivir durante todos los días.

Hotel Mónaco, lugar donde se celebró las fiestas

Hotel Mónaco, lugar donde se celebró las fiestas

Los mensajes fueron verdaderamente muy inspirados e inspiradores. Se percibió como ejes, la fe y la esperanza que nos traen las fiestas santas del Eterno, las que nos revelan su plan maestro y en cuya observancia demostramos que le creemos a Él y a sus promesas y reafirma nuestra convicción que lo que ha ofrecido es desde ya cierto. Tenemos la certeza de ser sus hijos, de ser reyes y sacerdotes y que Él cumplirá con lo que ha diseñado, planificado y prometido.

Aunque la muestra del Milenio no alcanza a reflejar las maravillas que podremos presenciar, estos días de convivencia en paz y armonía nos hacen crecer en nuestras convicciones.

Como de costumbre, se programaron actividades para grupos de diferentes edades y, literalmente, no hubo un solo día que no tuviera actividades planificadas, dándose el caso de que hubo algunos días con más de una actividad simultánea. En cada una de ellas, hubo gran participación y entusiasmo, además de un espíritu de cooperación permanente de todos los que podían colaborar, ya fuera directamente en las actividades o poniéndose a disposición de los organizadores para ayudar.

Quiero destacar en forma muy especial la actitud de niños y jóvenes. Ellos disfrutaban y se sentían verdaderamente en familia. Además de ser protagonistas de la mayoría de las actividades, se les veía como parte de una gran familia, no la de sus padres o familiares físicos, sino propia. Este hecho es muy inspirador y esperanzador, pues en cierta forma, permite confiar en que el pueblo de Dios cuenta con un futuro liderazgo originado en el seno de nuestras familias.

Niños tocando el shofar

Niños tocando el shofar

Este último punto, el desarrollo del liderazgo, tuvo también su espacio. Durante la Fiesta, se dio lugar a una sesión formal del Club de Oratoria. En ésta, participaron todos los miembros de Argentina, cuyo número se vio triplicado por la numerosa asistencia de socios de Chile e invitados especiales que se sumaron a la sesión. Allí, pudimos ser testigos del desarrollo que han tenido socios, a quienes conocimos muy jóvenes y que hoy se lucen al pronunciar discursos, hacer evaluaciones y participar activamente. De seguro que Dios está preparando su próximo liderazgo en estos clubes.

La temporada de Fiestas de Tabernáculos y Último Gran Día es muy enriquecedora y de gran crecimiento espiritual para cada uno de nosotros en lo individual, pero también es un tiempo en que tradicionalmente nuestra familia crece, pues se llevan a cabo reuniones de preparación para el bautismo y éstos se llevan a efecto durante la Fiesta. Este año, se unieron a nuestra familia espiritual 4 hermanos: Rosa Herrera y Victoria Chávez, de Argentina; Viviana Calle de Bolivia y Saúl Langarica Jr., de Chile. Todos nos hemos alegrado mucho por las decisiones tomadas por nuestros hermanos y seguro que nuestro pastor en el área y su esposa están especialmente felices.

Confiamos en que el Eterno, nuestro Padre amoroso y misericordioso nos siga apoyando durante el resto del año, para mantener viva la esperanza, la fe y el espíritu de armonía y paz que vivimos en Carlos Paz y más que seguramente, en todos los lugares donde decidió poner su nombre.

Un abrazo fraterno a todo el pueblo de Dios en el mundo.

—Por Gustavo Mellado

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Posted in 2014, Tabernáculos