Poder, amor y dominio propio

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La Fiesta de Pentecostés nos recuerda que el viento puede representar el increíble poder del Espíritu Santo. La Biblia también aclara que el poder de Dios siempre es controlado por el amor y el dominio propio.

Por Mike Bennett

En el día de Pentecostés, después de la muerte y resurrección de Jesucristo, los discípulos estaban reunidos. De súbito, empezaron a ocurrir milagros impresionantes que atrajeron la atención de las personas y marcaron el comienzo de la Iglesia del Nuevo Testamento.

El primero de estos milagros fue “un estruendo como de un viento recio” (Hechos 2:2). Cuando oímos acerca de los mortales y devastadores tornados, probablemente ninguno de nosotros estaría ansioso por escuchar semejante sonido. Sin embargo, hay una conexión bíblica entre el poder del viento y el poder del Espíritu Santo que fue dado en el día de Pentecostés. Pero como veremos, el poder de Dios siempre es controlado por el amor y el dominio propio.

El increíble poder del viento

Siempre he tenido problemas para entender las tormentas. Quiero decir, usualmente el aire a nuestro alrededor es invisible y ni siquiera lo notamos. Caminamos por el aire como si no hubiera nada allí. Cuando una ráfaga de viento llega a mí, siempre me toma por sorpresa. Imaginar que un viento tenga el poder de destruir franjas de ciudades de media milla de ancho, tal como sucedió con Joplin, Missouri y Tuscaloosa, Alabama en el 2011, parece ciencia ficción para mí. Ese viento pudo destrozar las casas como si hubieran estado hechas de madera de balso, fue algo increíble.

La revista Time publicó, el 6 de junio de 2011, un informe de algunas historias de las personas que sobrevivieron en Joplin. Por ejemplo, Pamela Merriman y sus dos hijos se escondieron en su baño cuando su chimenea de ladrillo dio vueltas por todo el salón, la puerta del garaje se estrelló contra la pared que estaba detrás de ellos y las graderías altas de la escuela se envolvieron alrededor de un árbol en su patio delantero.

En qué se parece y no se parece el Espíritu Santo al viento

¿En qué forma el Espíritu Santo es parecido a las tormentas y en qué forma no lo es?

Por una parte, tal como Jesús le señalara a Nicodemo, el Espíritu Santo es invisible como el viento. Usted puede ver sus resultados, pero no puede ver el aire mismo (Juan 3:8). Usted tal vez pueda creer que es un juego de palabras, porque la “palabra griega traducida Espíritu también significa ‘viento’”, como dicen las notas de la Biblia de Estudio de Nelson.

Entonces el Espíritu Santo es semejante al viento en que es invisible y es poderoso. Pero ahora veamos lo que hace al Espíritu Santo diferente del furioso, amenazante y destructivo poder del tornado.

La experiencia de Elías

Veamos la historia de Elías, quien estaba desanimado y desalentado, huyendo de la perversa reina Jezabel. Dios se iba a reunir con Elías, y escogió hacerlo de una forma muy interesante.

“Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante del Eterno. Y he aquí el Eterno que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante del Eterno; pero el Eterno no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero el Eterno no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero el Eterno no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12).

Dios quiere que sepamos que Él controla el viento —y todo el poder del universo— pero Él puede hablar suave y gentilmente. Su increíble poder siempre está bajo control.

El poder de Jesús sobre el viento

Podemos ver más acerca del poder de Dios en Marcos 4:35-41. En este pasaje, después de un largo día de predicación a las multitudes, Jesús y sus discípulos estaban viajando a lo largo del Mar de Galilea, y Jesús se quedó dormido aunque hubo una gran tempestad. Sus discípulos, algunos de ellos experimentados pescadores, estaban aterrorizados y pensaron que todos iban a morir. Ellos despertaron a Jesús, sorprendidos de que Él pudiera dormir en medio de semejante tempestad y, en resumen, le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”.

Luego Jesús dijo: “Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”.

Ahora los discípulos estaban más asustados, al ver el poder de Jesucristo sobre las fuerzas más poderosas de su mundo, el viento y el mar. Éste es otro ejemplo que muestra cómo el gran poder de Dios siempre está bajo su control. Y Él quiere que seamos como Él. Él nos quiere dar poder, pero un poder que solamente es usado por buenas razones. Él no nos dará su increíble poder si es que lo vamos a usar mal.

¿Hijos del trueno?

¿Recuerdan el episodio en el que los samaritanos rechazaron a Jesús, y Santiago y Juan, los hijos del trueno, querían que descendiera un poder del cielo para castigar a estas personas? Jesucristo les dijo que ellos no sabían de qué espíritu eran (Lucas 9:51-56). No era su Espíritu el que estaba inspirando sus sentimientos de ira y de venganza.

Ahora no hemos sido llamados para ser hijos del trueno, sino hijos de consuelo y amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:22-23).

Ésta es una lista de lo que el Espíritu de Dios hace. También hay otra lista en 2 Timoteo 1:7. Pablo quería que Timoteo usara el maravilloso don del Espíritu de Dios para respaldar su ministerio y hacer la obra de Dios, y por eso le dijo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Amor y dominio propio

Hemos visto el aspecto del poder —el Espíritu de Dios es el verdadero poder que Dios ha usado para crear el universo. No tiene límites: es un poder inimaginable. Pero Pablo también menciona otros dos elementos que muestran no sólo lo que el Espíritu de Dios nos da, sino también lo que necesitamos para crecer y para usar correctamente este poder de Dios.

Necesitamos tener como base la misma motivación y actitud que Dios tiene: ¡amor! La preocupación altruista por otros. Un enfoque sin egoísmo que trata a otros como Dios nos trata a nosotros. La clase de amor que Jesucristo mostró cuando estuvo dispuesto a sacrificarlo todo por nosotros. Él habría podido pedir fuego o una legión de ángeles, pero en vez de esto Él oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Además de amor, necesitamos dominio propio. Esto implica disciplina y autocontrol. El dominio propio es moderación. Es un enfoque de autocorrección que quiere crecer, cambiar y tener más la mente de Jesucristo.

Entonces, cuando pensemos en el sonido de un viento poderoso en Pentecostés, podemos pensar en poder, claro que sí. Pero también podemos pensar en el amor y dominio propio que vamos a necesitar para poder utilizar el poder del Espíritu Santo de Dios, como Dios quiere que lo hagamos. De esta manera, Dios no sólo nos dará las arras de su Espíritu en esta vida, sino la totalidad de su poder espiritual como hijos e hijas para siempre en su Reino.

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Posted in 2016, Blog del Escritor